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Me he cansado. Sí, es simple. Me dices que me quieres, que me hechas de menos y mil histórias. Bien, con mucho esfuerzo y palabras consigo creermelo. Un poco. Si, lo sé, un tanto raro en mi. Más da. Luego, de repente, me siento una más. Dudo de tus palabras, la mayoría de ellas. Muchas otras me las creo. Hablas mucho, pero nunca nada claro. En ánonimos, así vives. Y en un pasado. Nunca nadie sabe de quien hablas, hacia quién irá todo, ni siquiera tú misma. Dudo que te aclares algún día en nada, demasiada indecisión la tuya. Dime, ¿qué quieres? Es triste, si. Pero dudo que puedas responderte. Búscame, siempre que puedas. Siempre que quieras y sea cierto. No és una suerte tenerme, una suerte és más bien saber mantenerme. Si és así como lo quieres no te engañes, no me engañes. Dime que no me quieres, que me quieres. Dímelo, con la mano en el corazón y mirandome a los ojos. Pero porfavor, no cambies de opinión por un recuerdo cómo haces por costumbre.

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